Imagine que acaba de entrar en su restaurante italiano favorito. El delicioso olor a ajo y tomate es casi abrumador cuando entra por la puerta. Se sienta a esperar una mesa y, al cabo de unos minutos, los olores se disipan hasta que apenas los percibe. Este es un ejemplo de adaptación sensorial.

Este artículo explica qué es la adaptación sensorial y cómo funciona. También explora ejemplos de adaptación sensorial y en qué se diferencia de la habituación.

¿Qué es la adaptación sensorial?

La adaptación sensorial es una reducción de la sensibilidad a un estímulo tras una exposición constante al mismo. Aunque la adaptación sensorial reduce nuestra conciencia de un estímulo, ayuda a liberar nuestra atención y recursos para atender a otros estímulos de nuestro entorno.

Los cinco sentidos pueden experimentar la adaptación sensorial. Nuestros sentidos se adaptan constantemente a lo que nos rodea, así como a nosotros mismos y a lo que estamos experimentando, como el envejecimiento o la enfermedad. Es importante señalar que la adaptación sensorial no se produce con la percepción del dolor.

Causas de la adaptación sensorial

La adaptación sensorial, también conocida como adaptación neural, se produce debido a cambios en las células receptoras neurales que reciben y procesan la información sensorial. Las investigaciones sugieren que la adaptación sensorial se produce en múltiples etapas del procesamiento perceptivo.

Este cambio puede producirse lenta o rápidamente. La adaptación rápida ocurre muy rápidamente, en el lapso de milisegundos. La adaptación sensorial lenta puede producirse a lo largo de minutos, horas o incluso días.

 Algunas pruebas sugieren que la exposición repetida a los estímulos puede permitir a las personas “aprender” a adaptarse más rápidamente al cambio.

La adaptación sensorial desempeña una función importante al ayudar a las personas a desentenderse de las distracciones y a centrarse en los estímulos más relevantes o importantes que les rodean.4 Imagínese cómo sería si no experimentara la adaptación sensorial. Puede que se sienta abrumado por el olor penetrante de las cebollas que salen de la cocina o el estruendo de la televisión en el salón.

Como la exposición constante a un estímulo sensorial reduce nuestra sensibilidad, podemos desplazar nuestra atención a otras cosas de nuestro entorno en lugar de centrarnos en un estímulo abrumador.

Teoría psicológica sobre los cinco sentidos humanos

Nuestros cinco sentidos son nuestra conexión con el mundo exterior. Envían mensajes a nuestro cerebro, que los interpreta y percibe lo que nos rodea. La mayor parte de la información que captan nuestros sentidos nunca es reconocida por nuestro cerebro. Nuestras experiencias, creencias y cultura afectan a lo que percibimos de los miles de estímulos que reciben nuestros sentidos. Nuestro cerebro utiliza la información que recoge a través de nuestros cinco sentidos, la interpreta y percibe el mundo que nos rodea, creando nuestra experiencia vital.

La vista

Lo que vemos no son los objetos; vemos las ondas de luz que se reflejan en los objetos. Una vez que las ondas luminosas llegan a la retina, en la parte posterior de nuestros ojos, unas células llamadas bastones y conos convierten las ondas en impulsos neuronales que suben por el nervio óptico hasta el cerebro. Para que podamos ver, nuestro cerebro debe interpretar los mensajes procedentes de los ojos. Nuestra percepción depende de las asociaciones entre la imagen vista y los recuerdos de nuestro cerebro. Hay veces que nuestros ojos ven algo delante de nosotros pero nuestro cerebro no lo reconoce porque no hay ninguna referencia de que esté ahí.

Oido

Lo que oímos son en realidad vibraciones creadas por el movimiento. Estas ondas viajan por nuestro oído hasta la cóclea, donde 16.000 pelos (células receptoras) envían mensajes al cerebro. Al igual que con la vista, el cerebro interpreta la frecuencia de las vibraciones y la compara con los recuerdos, percibiendo el sonido que reconocemos. Nuestros oídos captan miles de sonidos, pero nuestro cerebro selecciona sólo los más relevantes para la situación que vamos a escuchar. La audición depende en gran medida de la visión. Por ejemplo, ver la cara de un interlocutor aumenta nuestra capacidad de oír.

Gusto

Cuando comemos, la saliva disuelve sustancias químicas que estimulan nuestro sentido del gusto. Los receptores del gusto, o papilas gustativas, son los responsables de reconocer las cuatro sensaciones del gusto: dulce, ácido, salado y amargo. Las protuberancias que vemos se llaman papilas y contienen múltiples papilas gustativas (10.000 en total). La información es enviada por los nervios aferentes al cerebro (el tálamo y eventualmente a la corteza), donde reconocemos el sabor como agradable o desagradable. Curiosamente, nuestro estado de ánimo puede afectar a nuestro sentido del gusto, lo que explica los diversos cambios de apetito asociados a los trastornos del estado de ánimo. Al igual que la vista y el oído, el gusto depende del olfato. Si no se puede oler, como cuando se tienen los senos nasales congestionados, la comida tendrá un sabor insípido. Nuestro cerebro utiliza las señales de los ojos, la nariz y la boca cuando comemos, así que cuando falta una de esas señales, nuestro cerebro puede tener dificultades para diferenciar lo que estamos comiendo.

Olfato

Cuando se inspira por la nariz, los receptores olfativos son estimulados por moléculas químicas suspendidas en el aire, y se envían mensajes al bulbo olfativo, situado en la base del cerebro. El olfato es el sentido más vinculado a la memoria. Por ejemplo, oler una tarta de manzana puede desencadenar un recuerdo feliz de la infancia. De hecho, oler un olor mientras se experimenta algo ayuda a que los recuerdos recientes se graben en la memoria permanente.

Tacto

Las tres capas de nuestra piel, la epidermis, la dermis y la hipodermis, están formadas por millones de receptores sensoriales. Una vez estimulados por el tacto, estos receptores desencadenan impulsos nerviosos que se comunican con la corteza somatosensorial del cerebro, transmitiendo información sobre la temperatura, la presión y el dolor. Los receptores sensoriales codifican información sobre todo aquello con lo que la piel entra en contacto. Los neurotransmisores, o sustancias químicas del cerebro, se liberan en nuestro cuerpo y nos proporcionan las sensaciones o sentimientos. El sentido del tacto es tan importante para el ser humano que la falta de tacto puede provocar problemas físicos y de comportamiento, un desarrollo cerebral inadecuado e incluso la muerte.

Ejemplos de adaptación sensorial

He aquí algunos ejemplos más de los tipos de adaptación sensorial que se dan en la vida real y que afectan a diferentes sentidos.

Olor

A los fumadores no les molesta el olor del humo del tabaco como a los no fumadores, porque los fumadores están acostumbrados al olor. Sus receptores sensoriales responden menos al estímulo (el olor a humo) porque lo experimentan a menudo.

La vista

Cuando se entra en una habitación oscura o se sale al exterior por la noche, los ojos acaban adaptándose a la oscuridad porque las pupilas se agrandan para dejar pasar más luz. Del mismo modo, cuando hay mucha luz, los ojos se adaptan al estrechamiento de las pupilas. Ésta es otra forma de adaptación sensorial.

El tacto

Cuando te metes en una piscina fría o te metes por primera vez en un jacuzzi, el agua puede parecerte desagradablemente fría o demasiado caliente, pero con el tiempo, tu cuerpo se adapta a la temperatura y la sientes sólo ligeramente fría o perfectamente agradable e incluso, con el tiempo, demasiado fría o demasiado caliente.

Sabor

Con el primer bocado de un plato muy sabroso, notarás el fuerte sabor salado, agrio o dulce de la comida. Pero después de unos cuantos bocados, tus papilas gustativas se adaptarán y el sabor no será tan pronunciado.

El oído

Un ejemplo clásico es el de los habitantes de las ciudades, que pueden sintonizar el tráfico y otros sonidos urbanos. Los sonidos que se producen fuera de sus ventanas no les perturban el sueño, porque se han adaptado al ruido.

Incluso la coordinación mano-ojo se adapta cuando es necesario. Por ejemplo, si te pones unas gafas que hacen que todo parezca un poco desviado e intentas lanzar una pelota a un objeto, tu adaptación sensorial acabará imponiéndose y te ajustarás lo suficiente como para dar en el blanco.

La gestión de los sentimientos necesita una estrategia. No se trata de control sino de autoconocimiento y tener claros los objetivos del día a día. Aprende a gestionar tus sentimientos y a encontrar la manera de sentirte feliz y aprovechar toda esa energía positiva para cumplir tus sueños, metas y propósitos.

Adaptación sensorial frente a habituación

Tanto la adaptación sensorial como la habituación implican una reducción de la atención a un estímulo, pero ambos conceptos presentan importantes diferencias.

La adaptación sensorial es un proceso automático e involuntario que implica una menor sensibilidad a la estimulación sensorial.

La habituación es un fenómeno de comportamiento que implica una disminución de la respuesta a algo que se produce con el tiempo. Aunque puede ocurrir sin mucha reflexión, tiene un elemento de control consciente.6 Por ejemplo, si pide el mismo plato cada vez que come en un restaurante, puede que le guste menos después de acostumbrarse a él.

Adaptación sensorial

  • Se produce como respuesta a una exposición continua.
  • Afecta a los receptores sensoriales.
  • Se produce de forma involuntaria e inconsciente.
  • Está relacionada con la intensidad del estímulo.

Habituación

  • Se produce en respuesta a exposiciones repetidas.
  • Conduce a una reducción de la respuesta.
  • Puede controlarse conscientemente.
  • No está estrechamente relacionada con la intensidad del estímulo.

Si has oído el término “ceguera nasal”, habrás oído hablar de la adaptación sensorial; es lo mismo. (Pero es diferente de la anosmia, o incapacidad para oler.) También puede notar que cuando se aleja de un olor o un sonido durante un tiempo, como cuando se va de vacaciones y luego vuelve a su casa, lo vuelve a notar. Es probable que no tarde mucho en adaptarse a las entradas sensoriales de su entorno y vuelva a ser “ciego” a ellas.

Cómo utilizamos la atención selectiva para filtrar información y concentrarnos

La atención selectiva es el proceso de centrarse en un objeto concreto del entorno durante un periodo de tiempo determinado. La atención es un recurso limitado, por lo que la atención selectiva nos permite dejar de lado los detalles sin importancia y centrarnos en lo que importa. Esto difiere de la ceguera por falta de atención, que es cuando uno se concentra mucho en una cosa y no se da cuenta de las cosas inesperadas que entran en su campo visual.

¿Cómo funciona la atención selectiva?

En todo momento estamos sometidos a un bombardeo constante de información sensorial. El sonido del claxon de un coche en la calle, el parloteo de los amigos, el chasquido de las teclas al escribir un trabajo para la escuela, el zumbido de la calefacción que mantiene caliente la habitación en un día de otoño.

Pero en la mayoría de los casos, no prestamos atención a todas y cada una de estas experiencias sensoriales. En su lugar, centramos nuestra atención en ciertos elementos importantes de nuestro entorno, mientras que otras cosas se mezclan en el fondo o nos pasan completamente desapercibidas. Entonces, ¿cómo decidimos exactamente a qué prestar atención y qué ignorar?

Imagina que estás en una fiesta para un amigo en un restaurante muy concurrido. Las múltiples conversaciones, el tintineo de platos y tenedores y muchos otros sonidos compiten por su atención. De entre todos estos ruidos, usted es capaz de ignorar los sonidos irrelevantes y centrarse en la divertida historia que le cuenta su compañero de cena.

¿Cómo consigue ignorar ciertos estímulos y concentrarse en un solo aspecto de su entorno? Este es un ejemplo de atención selectiva. Como nuestra capacidad de atención a las cosas que nos rodean es limitada tanto en capacidad como en duración, tenemos que ser selectivos con las cosas a las que prestamos atención.

La atención actúa en cierto modo como un foco de luz, resaltando los detalles en los que necesitamos centrarnos y echando la información irrelevante a un lado de nuestra percepción.

“Para mantener nuestra atención en un acontecimiento de la vida cotidiana, debemos filtrar otros acontecimientos”, explica el autor Russell Revlin en su texto Cognición: Teoría y práctica. “Debemos ser selectivos en nuestra atención, centrándonos en algunos acontecimientos en detrimento de otros. Esto se debe a que la atención es un recurso que debe distribuirse entre aquellos acontecimientos que son importantes”.

Atención visual selectiva

Existen dos modelos principales que describen el funcionamiento de la atención visual.

El modelo de los focos: El modelo del “foco” funciona tal y como suena: propone que la atención visual funciona de forma similar a la de un foco. El psicólogo William James sugirió que este foco incluye un punto focal en el que las cosas se ven con claridad. El área que rodea este punto focal, conocida como la franja, sigue siendo visible, pero no se ve claramente. Por último, la zona que queda fuera de la franja del foco se conoce como margen.

Modelo de lente de zoom: El segundo enfoque se conoce como el modelo “zoom-lente”. Aunque contiene los mismos elementos que el modelo de foco, también sugiere que podemos aumentar o disminuir el tamaño de nuestro foco de forma similar a la lente de zoom de una cámara. Sin embargo, un área de enfoque más grande también da lugar a un procesamiento más lento, ya que incluye más información, por lo que los limitados recursos atencionales deben distribuirse en un área mayor.

Atención auditiva selectiva

Algunos de los experimentos más conocidos sobre la atención auditiva son los realizados por el psicólogo Colin Cherry. Cherry investigó cómo las personas son capaces de seguir ciertas conversaciones mientras sintonizan otras, un fenómeno al que se refirió como el efecto “fiesta de cóctel”.

En estos experimentos, se presentaban dos mensajes auditivos simultáneamente, uno en cada oído. Cherry pidió a los participantes que prestaran atención a un mensaje concreto y que repitieran lo que habían oído. Descubrió que los participantes eran capaces de prestar atención a un mensaje y repetirlo con facilidad, pero cuando se les preguntaba por el contenido del otro mensaje, eran incapaces de decir nada al respecto.

Cherry descubrió que cuando se cambiaba repentinamente el contenido del mensaje no atendido (como cambiar del inglés al alemán a mitad del mensaje o reproducirlo repentinamente hacia atrás) muy pocos de los participantes se daban cuenta. Curiosamente, si el locutor del mensaje desatendido cambiaba de hombre a mujer (o viceversa) o si el mensaje se intercambiaba con un tono de 400 Hz, los participantes siempre notaban el cambio.

Los resultados de Cherry se han demostrado en otros experimentos. Otros investigadores han obtenido resultados similares con mensajes que incluyen listas de palabras y melodías musicales.

Teorías de la atención selectiva

Las teorías de la atención selectiva suelen centrarse en el momento en que se atiende a la información del estímulo, ya sea al principio del proceso o al final.

El modelo de filtro de Broadbent

Una de las primeras teorías sobre la atención fue el modelo de filtro de Donald Broadbent. Basándose en las investigaciones de Cherry, Broadbent utilizó una metáfora de procesamiento de la información para describir la atención humana. Sugirió que nuestra capacidad de procesar información es limitada en términos de capacidad, y que nuestra selección de la información a procesar tiene lugar al principio del proceso perceptivo.

Para ello, utilizamos un filtro para determinar a qué información prestar atención. Todos los estímulos se procesan primero en función de sus propiedades físicas, como el color, el volumen, la dirección y el tono. Nuestros filtros selectivos permiten que ciertos estímulos pasen para su posterior procesamiento, mientras que otros estímulos son rechazados.

La teoría de la atenuación de Treisman

Treisman sugirió que, aunque el enfoque básico de Broadbent era correcto, no tenía en cuenta el hecho de que las personas pueden seguir procesando el significado de los mensajes atendidos. Treisman propuso que, en lugar de un filtro, la atención funciona utilizando un atenuador que identifica un estímulo basándose en sus propiedades físicas o en su significado.

Piense en el atenuador como en un control de volumen: puede bajar el volumen de otras fuentes de información para atender a una única fuente de información. El “volumen” o la intensidad de esos otros estímulos puede ser bajo, pero siguen estando presentes.

En los experimentos, Treisman demostró que los participantes seguían siendo capaces de identificar el contenido de un mensaje desatendido, lo que indica que eran capaces de procesar el significado tanto de los mensajes atendidos como de los no atendidos.

Modelos de selección de memoria

Otros investigadores también creían que el modelo de Broadbent era insuficiente y que la atención no se basaba únicamente en las propiedades físicas de un estímulo. El efecto de la fiesta de cóctel es un buen ejemplo. Imagine que está en una fiesta y presta atención a la conversación entre su grupo de amigos.

De repente, oye que un grupo de personas cercanas menciona su nombre. Aunque no estaba prestando atención a esa conversación, un estímulo previamente desatendido capta inmediatamente su atención basándose en el significado y no en las propiedades físicas.

Según la teoría de la selección de la memoria de la atención, tanto los mensajes atendidos como los no atendidos pasan por el filtro inicial y luego se clasifican en una segunda fase en función del significado real del contenido del mensaje.

La información a la que atendemos en función del significado pasa a la memoria a corto plazo.

Teorías de los recursos de la atención selectiva

Las teorías más recientes tienden a centrarse en la idea de que la atención es un recurso limitado y en cómo se reparten esos recursos entre fuentes de información que compiten entre sí. Estas teorías proponen que tenemos una cantidad fija de atención disponible y que debemos elegir cómo distribuir nuestras reservas atencionales disponibles entre múltiples tareas o eventos.

“La teoría de los recursos atencionales ha sido muy criticada por ser demasiado amplia y vaga. De hecho, puede que no sea la única que explique todos los aspectos de la atención, pero se complementa bastante bien con las teorías de los filtros”, sugirió Robert Sternberg en su libro Cognitive Psychology (Psicología cognitiva), resumiendo las diferentes teorías de la atención selectiva.

“Las teorías del filtro y del cuello de botella de la atención parecen ser metáforas más adecuadas para tareas que compiten y que parecen ser incompatibles desde el punto de vista atencional”, afirma. “La teoría de los recursos parece ser una metáfora mejor para explicar los fenómenos de atención dividida en tareas complejas”.

Observaciones

Varios factores pueden influir en la atención selectiva en los mensajes hablados. El lugar donde se origina el sonido puede influir. Por ejemplo, es más probable que usted preste atención a una conversación que tiene lugar justo a su lado que a una que está a varios metros de distancia.

En su texto “The Psychology of Attention” (La psicología de la atención), el profesor de psicología Harold Pashler señala que la simple presentación de mensajes a diferentes oídos no conduce a la selección de un mensaje sobre el otro. Los dos mensajes deben tener algún tipo de no superposición en el tiempo para que uno sea atendido selectivamente sobre el otro. Como se ha mencionado anteriormente, los cambios de tono también pueden desempeñar un papel en la selectividad.

El número de selecciones auditivas que hay que descartar para atender a una de ellas puede dificultar el proceso. Imagínese que se encuentra en una sala abarrotada de gente y que a su alrededor tienen lugar muchas conversaciones diferentes.

Atender selectivamente a una sola de esas señales auditivas puede ser muy difícil, incluso si la conversación tiene lugar cerca.

Aprenda más sobre cómo funciona la atención, algunas de las cosas que puede hacer para mejorar su atención y por qué a veces nos perdemos lo que está justo delante de nosotros.

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